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Parir y nacer dignamente
El trabajo en salud sexual y reproductiva se ha enfocado, generalmente,
al derecho de ejercer la sexualidad independientemente de la reproducción,
conocer y amar su propio cuerpo, educación sexual no-sexista, buscar
afecto y relaciones sexuales, controlar la propia fertilidad, tener acceso
a los métodos de anticoncepción con una adecuada información,
decidir cuando, como y con quien tener relaciones o no tener relaciones,
no ser madre, aborto seguro y gozar la sexualidad, entre otras.
El movimiento de mujeres y el feminista casi nunca han tocado el tema
del embarazo, el parto y la maternidad, como si tuviéremos derechos
siempre cuando no esperamos un bebé. Durante el embarazo pertenecemos
a la industria de la medicina, el médico es quien conoce todo. Quedarnos
pasivas e ignorantes ante “el que sabe y manda” sobre nosotras mismas.
El silencio del movimiento de mujeres y feminista transmite una sumisión
hacia esa forma de violencia que sufrimos tantas mujeres en el embarazo,
parto o la maternidad.
Para las activistas por la humanización del parto, esto ha sido
una gran frustración. Muchas madres, después de haber sido
víctimas del maltrato hospitalario en el parto, entienden que la
experiencia de dar a luz es muy significativa. Para muchas, sin embargo,
el sufrimiento queda como una herida muy profunda que las acompaña
por todo la vida y, según algunas investigadoras, las marca de una
manera permanente y pueden sentirse mal consigo mismas, con su autoconfianza
destruida o lesionada. Para casi todas las mujeres los recuerdos de parir
son muy vívidos y las historias que cuentan son tristes y dolorosas.
La organización feminista NOW, una de las más grande de
Estados Unidos, denunció que no todas las mujeres tienen acceso
a la atención de una partera. Su reivindicación es crucial
para las mujeres de toda clase y debe verse como un derecho universal.
La OMS reconoce a la partera como la más indicada para atender a
las mujeres en el embarazo, parto y posparto, con el respaldo del sistema
médico por si surgen complicaciones. En Europa realizaron una declaración
de derechos de las mujeres a recibir atención de las parteras (diferenciando
esa profesión de la de enfermería). El concepto universal
de la partera es superior por varias razones: los índices de mortalidad
y morbilidad materna e infantil son mejores que en la atención médica,
la tasa de prematuridad es menor, baja la tasa de cesáreas, la satisfacción
con la experiencia de parir y nacer son excepcionales y respeta el derecho
de las mujeres a participar plenamente en su propio proceso.
En países desarrollados como Japón, Holanda, Inglaterra,
Australia, entre otros; las parteras profesionales trabajan como parte
del sistema de salud, tener el parto en casa o en alguna institución
médica es una opción de cada mujer. La atención del
parto por parteras no es algo novedoso en la historia de la humanidad o
propio de países , en los pueblos originarios eran las mujeres,
sobretodo parteras, las que se han encargado de atender, apoyar y facilitar
el proceso de embarazo, parto y el nacimiento.
Derechos de las mujeres en el parto
El parto es un proceso innato, fisiológico y natural. El derecho
a un parto seguro y digno debería ser reconocido como derecho universal
de las mujeres. Actualmente los procedimientos médicos que
se utilizan en los hospitales públicos y clínicas privadas
son peligrosos y humillantes y atentan contra los derechos humanos más
básicos de las mujeres y también son violaciones contra los
derechos de niños y niñas a nacer en un entorno agradable,
seguro y sin dolor.
Derecho...
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a una experiencia digna, sagrada, gratificante, profunda y con amor.
El parto nunca debe verse como rutinario y mecánico por quienes
lo atienden.
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a un parto en privacidad física y emocional íntimo y tranquilo.
Hacer tactos vaginales como una rutina es una violación contra los
derechos fundamentales para tener privacidad y auto-protección.
Crear un ambiente de intimidad y seguridad con luz baja y tranquilidad
es un derecho fundamental por un buen parto y nacimiento.
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a movilizarse, hablar, cantar, gritar, tomar la posición que
quieran. Se debe dejar que el parto fluya de acuerdo a su comodidad
y gusto particular sin tener que cumplir con las arbitrarias normas institucionales.
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a elegir quienes asistan su parto y a estar solas cuando quieren.
Todo personal hospitalario, enfermeras, doctores, parteras y miembros de
familia, deben estar invitados por la mujer para asistir al parto.
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a sentirse segura. Estar acompañada por los mismos profesionales
durante el embarazo, parto y posparto es recomendable, y que estas personas
sean de su libre elección.
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a recibir atención de parteras, especialistas en el parto fisiológico,
y estar informadas de los beneficios. Es urgente incorporar parteras
en el sistema de salud como las más indicadas para atender los partos
en casa y en hospital (con respaldo del sistema médico si surgen
complicaciones).
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a elegir tener el parto en su hogar. Y en caso de alguna complicación
o emergencia deben ser bien atendidas por los servicios médicos.
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a no ser objetos pedagógicos. No se justifica hacer tactos
o cualquier otro procedimiento de aprendizaje.
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a no ser mutiladas o maltratadas. La mutilación del cuerpo
de la mujer en el parto se debe reconocer como un acto criminal. Hacer
episiotomía (piquete) sin consentimiento informado es un ejemplo
muy común.
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a tener acceso gratuito y fácil a la información acerca
del proceso del parto natural y saludable. Asimismo para obtener ayuda
en la preparación para el parto y la maternidad. La información
debe incluir alternativas naturales a las normas institucionales: como
parir en casa, parto en agua para aliviar el dolor o estimular el parto
y sobre métodos naturales para inducir el parto.
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al acceso a información de las instituciones públicas
y privadas sobre sus estadísticas de intervención y seguridad
y a su expediente médico. Este derecho incluye poder hablar
con personas que les puedan explicar la información en una manera
precisa, clara y sencilla.
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al acceso inmediato a información completa acerca de todos los
procedimientos que se le aplican a ellas o a sus bebés en el embarazo,
el parto o el posparto. Las mujeres se deben informar de los posibles daños
que provocan las intervenciones. El consentimiento informado significa
no solamente estar informada, significa poder decidir sobre lo que le informan,
la mujer tiene derecho a decir no, y ser respetadas.
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a que no sufran lastimaduras. Esto, en el caso de bebés,
incluye la utilización de fórceps, amputación temprana
del cordón umbilical, sondas para succionar, peras para sacar mucosas,
máscaras de reanimación, inyecciones, gotas en los ojos y
la falta de oxigeno -causada por la droga pitocín aplicada a la
madre-. Todo esto provoca sufrimiento y angustia en el recién nacido
y afectará su bienestar en el futuro.
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a permacener en contacto –madre y bebé- en un ambiente de
tranquilidad, por el tiempo que desea la madre. Tocar, cargar y amamantar
al bebé en los primeras horas de vida es un derecho inalienable.
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a tener información y apoyo para la lactancia. Es un requisito
que esté disponible en todo momento para todas las actuales o futuras
madres.
Los derechos de las mujeres y sus bebés en el parto y nacimiento
son inalienables, y no son secundarios a las exigencias del gobierno, del
personal médico, de las instituciones o de cualquier otra persona
o institución.
Madre y bebé protagonizan este proceso y los deseos y sentimientos
de la madre deben estar en primer lugar. El parto no es seguro cuando los
deseos de la madre toman un segundo lugar frente a las rutinas de quienes
asisten el parto. Exijamos estos derechos fundamentales. Las mujeres tenemos
que luchar por nuestros derechos como personas y como poderosas creadoras
de vida. Exijamos el derecho a que todas las personas comiencen su vida
de la mejor forma posible. Mamás y bebés tenemos derechos.
Únete a la lucha por la humanización del parto, el nacimiento
y la vida. Cambiar la forma de nacer cambia la forma de vivir
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