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Derechos sexuales y reproductivos de las mujeres
jóvenes
La ignorante ceguera de la sociedad
"Negados, prohibidos e invisibilizados: los derechos sexuales de las mujeres jóvenes" es el título que encabezó un foro público de discusión (con una novedosa producción de poesía, teatro, danza y debate) el viernes 28 de mayo, día internacional de acción por la salud de la mujer en donde muchas mujeres (y algunos hombres) se hicieron presentes para dejar claro su apoyo al reconocimiento y pleno ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Una importante reivindicación del movimiento de mujeres es el reconocimiento de sus derechos en cuanto a la sexualidad, no solo en cuanto a la reproducción, sino para su disfrute y plena satisfacción.
Por Fernando Francia
"Las mujeres jóvenes tenemos sexo y sexualidad" resonó en forma rotunda en el Teatro 1887 e hizo inquietarse a más de una persona cómodamente sentada en sus butacas el 28 de mayo, día internacional de acción por la salud de la mujer.
"La situación de opresión, discriminación y desigualdad en que todavía viven las mujeres hace que estos temas no sean reconocidos como vitales para el desarrollo físico, mental, emocional y espiritual de las personas" declaró Gabriela Cob, integrante de la Colectiva Feminista Pancha Carrasco y coordinadora de la campaña "por el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres jóvenes" en Costa Rica. Agregó, además, que "si a esto se le agrega la condición de tabú y tema prohibido que conlleva todo lo relacionado con la sexualidad, esta reivindicación se transforma en algo extremadamente difícil".
Es por esto que la Colectiva Feminista Pancha Carrasco organizó una actividad en el marco de la campaña latinoamericana "por el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos" impulsada por la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe. En Costa Rica tuvo un fuerte componente de divulgación y concientización y culminó con un Foro público el 28 de mayo en el teatro 1887 (Centro Nacional de la Cultura, antiguo Fanal) durante la mañana.
El aspecto central de la campaña y de la opinión de las mujeres jóvenes consultadas es la "ceguera o la negación de una realidad que les pasa por arriba" ya que las instituciones más tradicionales de la sociedad costarricense -como el Estado, la Iglesia, la Educación y la Familia- no quieren "ver que nosotras estamos activas sexualmente y que es mejor que lo hagamos con información y no, como la mayoría de las personas que hoy toman decisiones, a escondidas o a tientas" dijeron Paulina Torres y Adriana Bustamante, mujeres jóvenes de la Colectiva Feminista Pancha Carrasco.
Ojos que no ven, corazón que sí siente
"Dar información puede llevar a la promiscuidad y al escándalo sexual", se contesta a quienes reclaman por educación sexual verdadera en los colegios y mayor apertura al tema en los medios de comunicación. Ante esta aseveración, Ana Arroba aclaró: "ante la falta de información, el tabú y la prohibición la población joven comienza a experimentar formas que no son placenteras, en la que no se sienten cómodas". Agregó, además, que las mujeres jóvenes no ponen el deseo y a sí mismas en el centro para el placer sexual, sino que lo hacen por la presión social "obligadas a tener un hombre como mandato final para las mujeres" y por ende "no disfrutan de su sexualidad".
Ante estas posiciones y reclamos de las mujeres jóvenes, el presbítero Adrián Gómez declaró al Servicio Especial de la Mujer (SEM) que "la iglesia católica reconoce y recomienda los métodos naturales y que la educación sexual debe estar orientada hacia el respeto y los valores de las personas, ya que la juventud ha perdido esa dimensión y ha hecho uso y abuso de esas libertades y de sus relaciones sexuales" y agregó que "éstas deben darse después de que la pareja se conozca, forje una relación de amistad y luego de noviazgo hasta culminar en el sacramento del matrimonio".
Otra institución que se mantiene, en la mayoría de los casos (incluso hoy en día), ciega ante la realidad es la familia. Muchas veces las madres y los padres llegan a tal punto de no querer ver y aceptar que sus hijos e hijas tienen actividad sexual que "habiendo visto preservativos en el cuarto de su hijo (de 24 años) todavía cree que llegará al acto sexual en el matrimonio" como nos contaba una amiga de esa madre que sí habla abiertamente del tema sexual con sus hijas jóvenes.
Diana Fuster (integrante de la Colectiva Feminista Pancha Carrasco), en su exposición durante el foro, expresó: "Existe un miedo a vernos como seres humanas que sentimos deseo, curiosidad y placer, y ante la posibilidad de experimentar en nuestros cuerpos, surge el castigo de ser asexuada hasta que la Iglesia y el vestido lo permitan. Incluso, se nos niega la información, el uso adecuado de anticonceptivos y el apoyo que nos permita tener relaciones sexuales sin riesgo de quedar embarazadas, contraer una enfermedad venérea o ser violentadas".
Un poco de historia
Los derechos sexuales y reproductivos son derechos inalienables a todas las personas. Como tales, y como todo derecho, se supone que son universales, que siempre han existido. Sin embargo, los derechos sexuales y reproductivos de la mujer se han visto socavados desde el comienzo del patriarcado en la historia. Ana Arroba, directora del Asociación Mujeres en Salud, abordó el tema desde el punto de vista histórico y dijo que "existen evidencias, de antes de la existencia del patriarcado, de que las mujeres tenían control sobre el parto, sobre la sexualidad, pero desde hace cuatro o cinco mil años estos derechos se han ido desvaneciendo". Mencionó también que "a las personas jóvenes se les daba el conocimiento sobre su cuerpo y su sexualidad y comenzaban desde muy temprano en un proceso muy libre de experimentación". Esto, no mediado por la prohibición y el tabú, era algo natural ejercido por la persona para su propio disfrute y bienestar. Así, en estas otras culturas, si una mujer quedaba embarazada no se le aislaba, juzgaba o marginaba, sino que su hijo o hija era de la comunidad en una paternidad y maternidad compartidas por la sociedad.
Por eso, el movimiento de mujeres y el movimiento feminista siempre ha mantenido este tema como una de sus principales luchas. Gabriela Cob en su intervención en el foro agregó "este no es un tema nuevo para nosotras como feministas. No obstante, no nos cansaremos de repetirlo hasta haber conseguido el reconocimiento y ejercicio pleno de estos derechos y que se contemple la salud sexual y reproductiva en el marco de la salud integral para todas las mujeres".
"Las mujeres están hoy en una cultura que las apoya menos que antes, porque las cosifica y hay un vacío y silencio acerca de las sexualidades y solamente nos rodean de mandatos" dijo Ana Arroba durante el foro. Agregó, además, que "la identidad como joven no está contenido en algo donde están reflejadas como valiosas" y ese es otro problema para el ejercicio pleno de su sexualidad que, según Arroba, "debe ser algo maravilloso, pues está unido a la espiritualidad de las personas".
Las cifras de las mujeres jóvenes
Actualmente, las personas jóvenes son la generación joven más numerosa de la historia. El total de la juventud actual (entre 10 y 19 años) es alrededor de 1000 millones de personas. De estas, casi 260 millones son mujeres de 15 a 19 años. Alrededor de 14 millones de mujeres de esta edad dan a luz cada año.
En Costa Rica la población total para 1998 era de 3.764.171 millones de habitantes, según el Instituto de Estadística y Censos consultado por SEM. De este total, 1.867.056 son mujeres, es decir casi la mitad de la población. Las mujeres jóvenes (de 10 a 24 años) representan menos de la mitad del total femenino, 545.521 personas.
En cuanto a los embarazos de las costarricenses, del total de casi 80.000 nacimientos durante 1998, un 20 por ciento corresponde a madres jóvenes, siempre según datos del Instituto de Estadística y Censos.
Es importante señalar que, según la Caja Costarricense del Seguro Social, hay un alto porcentaje de mujeres jóvenes que no reciben ningún anticonceptivo y un alto porcentaje a quienes se le receta la píldora y, en un número significativamente menor, se recomienda el uso del preservativo. "Esto tiene que ver con una orientación que antepone lo reproductivo sobre la salud y disfrute sexual de las mujeres" señaló Garbiela Cob.
Una sexualidad distinta
Las mujeres jóvenes lesbianas exigen su derecho al libre ejercicio de su sexualidad. Una reivindicación que se ha vuelto cuesta arriba en una sociedad tan "puritana" y "tradicional" como la tica. Karla Barahona, integrante de la asociación Triángulo Rosa, comenzó su exposición aclarando que "no podemos hablar de los derechos sexuales de las mujeres sin tomar en cuenta el derecho a la no discriminación por la opción sexual".
Recién hace 25 años la Asociación Psiquiátrica Americana dejó de considerar al homosexualismo y al lesbianismo como un trastorno psiquiátrico y publicó en su manual de diagnóstico lo siguiente: "La homo sexualidad y lesbianismo en sí mismo no constituye un trastorno psiquiátrico. El lesbianismo es una forma de conducta sexual, así como otras conductas sexuales que no son en sí mismas trastornos psiquiátricos".
A pesar de esta declaración, los mitos y falsas concepciones de parte de los profesionales en salud y de la población en general hacia las mujeres lesbianas sigue siendo estigmatizadas. "Si la sexualidad no tiene como fin la procreación, se convierte, dicen, en una perversión de la conducta humana y el lesbianismo no es por sí mismo un comportamiento reproductivo" continuó Karla Barahona. Es así como ellas se convierten en enemigas del patriarcado, no siguiendo la heterosexualidad obligatoria. "Ya sabemos que todas aquellas mujeres que se opongan al sistema patriarcal de una u otra forma son castigadas. Nuestro castigo tiene un nombre: se llama homofobia que es el odio, rechazo o miedo hacia las personas homosexuales. Esto hace que a las mujeres lesbianas las echen de la casa, se les obliga a asistir de psiquiatra en psiquiatra para una "posible cura", pierden amistades, trabajos, si tienen hijos o hijas corren el riesgo de que se los quiten y aumenta la exposición a agresiones físicas o verbales y se ven más expuestas a abusos sexuales, violaciones y suicidios.
"Sabemos que el patriarcado no se derrumbaría con permitir que unas mujeres priorizáramos a las mujeres. Pero sí se derrumbaría si las mujeres nos uniéramos todas contra él. De ahí que etiquetar a las mujeres, -dice Barahona- a todas las mujeres que luchan por su liberación, como lesbianas, es una manera que tiene el patriarcado de aprovechar la homofobia de otras mujeres para tenerlas así bajo control y no cuestionen las estructuras de poder que lo mantienen". Terminó exhortando a todas las personas, especialmente a las mujeres heterosexuales a apoyar su lucha, para así trabajar juntas por la libertad de las mujeres.
Los hombres también, pero diferente
Aunque estos conceptos (salud sexual y salud reproductiva) tienen que ver con mujeres y hombres, tiene mayor resonancia en las mujeres y, es por esto que la atención está puesta en ellas. Sin embargo, con decir esto se corre el peligro de que todas las personas, tanto hombres como mujeres opinen sobre el cuerpo de las mujeres. Por esto es que los hombres deben preocuparse por el tema, pero de forma diferente.
El mensaje a los hombres jóvenes no es, necesariamente, de desesperanza y rechazo. Desde la perspectiva de la mujer joven, sus compañeros deben ser comprensivos y abiertos a estos temas. Deben entender que, si bien se trata del cuerpo de ellas, tiene que ver de alguna manera con ellos también (a nivel heterosexual, por supuesto) y por ende deben ser responsables y solidarios.
Los hombres tenemos que aprender y hacer lo que esté a nuestro alcance por los logros anivel de derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. "El tema de la sexualidad debe estar basado en un entendimiento para que las relaciones sean más profundas, con respeto mutuo, comprender las relaciones de una forma positiva" declara la organización internacional Health, Empowerment, Rights and Accountability (Salud, Empoderamiento, Derechos y Rendición de cuentas) en un informe sobre "Salud y derechos sexuales y reproductivos de las mujeres".
"Experimentar una masculinidad más plena implica que los hombres disfruten y asuman la responsabilidad de su propia sexualidad y de sus elecciones reproductivas. Ser un hombre conlleva regocigarse en la experiencia de igualdad con las mujeres; promover las relaciones equitativas y los derechos de las mujeres y apoyar las elecciones reproductivas de las mujeres y el placer sexual. No obstante, la socialización actual induce a los hombres a asumir una actitud de privilegio respecto a las mujeres" continúa esta organización internacional compuesta por activistas en favor de la salud de las mujeres.
La participación de los hombres significa que comprendan y acepten que son personalmente responsables por sus decisiones y su comportamiento, ambos basados en el respeto mutuo en las relaciones con las demás personas. Alentar la responsabilidad de los hombres por su propio comportamiento no debería de ninguna manera minar la autonomía de las mujeres sobre sus propias vidas sexuales y reproductivas. El trabajo con los hombres debe tener el objetivo de lograr la igualdad y la equidad de género.
Quebrar los silencios en todas las áreas de la vida, tanto privada como pública, es un deber de todas las personas. Solo así, rompiendo los mitos, destruyendo los tabúes y considerando la sexualidad como parte central de nuestras vidas podremos avanzar hacia una sociedad de mayor igualdad entre géneros y las generaciones. "Los derechos sexuales y reproductivos están para todas, para que se los reconozca, difunda y ejerza todo lo que puedan" finalizó su intervención en el foro Gabriela Cob.
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