El derecho a decidir
por Gabriela Cob
El aborto es practicado por mujeres en todo el mundo, de manera legal,
ilegal, clandestina, en clínicas o hasta en su propia casa. No responde
a un patrón de clase social o nivel de estudios. Sin embargo, las
mujeres no lo realizan como primera opción, sino que están
empujadas a hacerlo por un cúmulo de circunstancias según
la situación de cada mujer.
Desde los gobiernos, hasta la Iglesia, pasando por doctores y hasta
periodistas hablan con “propiedad” de este tema (aunque casi todos son
hombres) y lo catalogan como “inmoral”, “innecesario”, “atentado a la vida”,
“científicamente perjudicial”, entre tantas otras formas. Lo cierto
es que hay poca investigación al respecto y la que está hecha
es, en su gran mayoría, muy parcializada hacia los dogmas y lineamientos
de la Iglesia.
Anna Arroba, directora de la Asociación Mujeres en Salud, señaló
que el aborto es un problema de salud pública en el mundo y “son
las mujeres quienes se enfrentan a ese sufrimiento, ellas no quieren hacerlo;
tal vez algunas lo han usado como método anticonceptivo, pero quienes
recurren a esto viven en países donde no hay otras opciones, porque
no se ha invertido lo suficiente en otras alternativas”.
El pasado 28 de setiembre tuvo lugar la Jornada por la Despenalización
del Aborto en América Latina y el Caribe. Desde 1990, en el V Encuentro
Feminista Latinoamericano y del Caribe, se realizan acciones este día
a favor de la libre elección de las mujeres. Esta lucha forma parte
integral del reconocimiento de los derechos humanos en la salud sexual
y reproductiva a nivel mundial. Aunque en Costa Rica no se desarrollaron
acciones dentro de esta jornada, uno de los planteamientos fundamentales
es la necesidad de investigar acerca del tema porque es central analizar
la realidad de esta problemática en nuestro país. Las mujeres
se realizan abortos en condiciones que amenazan sus vidas y esto es un
problema de salud pública.
A cinco años la evaluación de la conferencia Mundial de
las Naciones Unidas sobre la Mujer en Beijing a pesar de que se han puesto
en marcha algunos programas oficiales que apuntan a temas referidos a la
salud sexual y reproductiva quedó pendiente el tema del aborto.
Sin embargo, uno de los compromisos del actual gobierno fue investigar
el tema. Además, se consignó, como parte de los compromisos
de los gobiernos, que se estudie y revise la legislación que penaliza
el aborto clandestino para conocer cuál es su impacto, enfatizó
María Suárez de Radio Internacional Feminista.
No hay derechos humanos, ni derechos sexuales y reproductivos si no
se incluye el derecho de decidir sobre nuestro propio cuerpo. Poder ser
madre cuando se desea realmente y cuando estamos material y emocionalmente
preparadas, ejerciendo nuestra autodeterminación en este tema. ¿Qué
hacer frente a un embarazo no deseado, un embarazo producto de la violación
o un embarazo siendo aún muy joven?; para ello es necesario contar
con un apoyo para que sea una decisión válida que valore
a la mujer. Es un derecho humano decidir sobre nuestros cuerpos.
Para las mujeres el hecho de poder decidir sobre sus cuerpos es una
de las claves para el verdadero ejercicio de la ciudadanía y la
participación plena en la sociedad.
Si hacemos una revisión histórica encontraremos diferentes
criterios y conceptos acerca de la interrupción voluntaria del embarazo,
esto “demuestra que las sociedades no son en absoluto homogéneas
ni inmutables. No todas las personas comparten los criterios éticos
ni las posiciones filosóficas de quienes conciben la vida humana
desde principios mecánicos y organicistas”. En este sentido “el
movimiento feminista ha considerado absolutamente injustificable que se
le exija a una mujer continuar con un embarazo no deseado simplemente porque
nuestros cuerpos poseen la capacidad natural de concebir, ya ha levantado
la lucha por el derecho de cada mujer a decidir según su propia
conciencia” es el aporte de las pensadoras feministas Ana Carcedo y Montserrat
Sagot.
“Producto de la condena moral y de la penalización de la interrupción
voluntaria del embarazo, muchas mujeres desesperadas y sin recursos económicos
tratan de provocarse ellas mismas el aborto, lo que implica graves riesgos
para su salud y su misma vida. Otras recurren a lugares insalubres donde
corren los mismos riesgos en manos de personas incapaces. Solo las que
disponen de suficientes recursos económicos pueden acudir a alguna
clínica, donde legal o ilegalmente pueden practicarles un aborto
con cierta seguridad” Entonces la salud de las mujeres se convierte en
un asunto de capacidad adquisitiva. Es una de las conclusiones que apuntan
Ana Carcedo y Montserrat Sagot en su artículo publicado en Semanario
Universidad, Un debate tergiversado.
Según una investigación llevada a cabo por la organización
SI Mujer (Servicios Integrales para la mujer) si analizamos en cuanto a
las legislaciones podemos concluir que en el 91% de los países del
mundo el aborto está permitido para salvar la vida de las mujeres;
en el 63% para preservar su salud física; en el 50% para preservar
su salud mental. Sólo en 17 de los 191 países –cuatro
de ellos de Latinoamérica-, el aborto no se acepta bajo ninguna
circunstancia.
En Costa Rica el porcentaje de abortos clandestinos y sus complicaciones
es muy alto, aún y cuando hay un subregistro por razones referidas
a la penalización. Aproximadamente según números de
la Caja y del Estado de la Nación 8.850 hospitalizaciones por abortos,
y las autoridades de salud estiman que un buen porcentaje de ellos fueron
provocados.
Para Ana María Pizarro de SI Mujer “La legislación que
atañe a los derechos de las mujeres es insuficiente o inexistente.
Refleja el sistema de relaciones de poder, por estar basada en una concepción
patriarcal y androcéntrica, que es la que ha privado entre nuestros
legisladores y legisladoras. Esta agrava las desventajas que enfrentan
las mujeres, tanto en el ámbito social, laboral y económico,
como en las relaciones específicas entre hombres y mujeres”
Existe una brecha entre las leyes prohibitivas y las reales circunstancias
de su práctica. El aborto se continúa realizando en condiciones
inseguras y riesgosas y esto denota la discriminación contra las
mujeres que impiden su acceso a la toma de decisiones y a la educación
sexual integral.
Es por esto que no podemos seguir negando la realidad, las mujeres tenemos
el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos en condiciones libres y saludables.
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